La prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y desórdenes en general, tienen su inicio cada vez en edades más tempranas; por lo que la
implicación de los profesores repercute para la visibilidad y detección de esta enfermedad.
Los niños y adolecentes pasan mucho tiempo de su día en las aulas, comparten espacios y anécdotas con ellos, y muy frecuentemente la cercanía y complicidad facilita que los docentes atiendan a detalles que en el día a día pueden pasar desapercibidos incluso a la familia más cercana.
Como dato interesante, según estudios los niños hacen elecciones de sus amigos, compañeros de juegos y actividades en base a características físicas alrededor de los 8 años. La importancia que se brinda a la imagen corporal y al aspecto físico puede precipitar en estas edades vulnerables, así como en menores
sensibles por sus circunstancias individuales que despunte malestar y por tanto, un inicio de problema real que atender entre todos.
Si eres docente te preguntarás, ¿qué puedo observar?, ¿en qué puedo centrar mi atención?.
Algunas señales que puedes prestar atención e identificar son las siguientes:
- Rechazo a actividades y momentos donde haya comida o exposición del cuerpo (alguna actividad de educación física, o salidas de centro como ir a la
piscina…) - Esconder, tirar o no traer comida para el patio, o incluso que se autolimite las preferencias alimentarias a un grupo reducido y cantidades similares
- Una pérdida gradual de peso (sin razón médica referida)
- Cierta tendencia al aislamiento de sus amigos y compañeros
- Preocupación por la propia apariencia en general y/o con comentarios sobre partes de su cuerpo en concreto
- Un cambio en su actitud en clase y en su rendimiento escolar (ansiedad por las notas y exámenes que antes no era habitual)
- Incremento de la actividad física y/o aprovechar cualquier circunstancia y oportunidad para moverse más
¿Cómo puedo ayudar si advierto alguna de estas señales?
El siguiente paso natural será:
- Observar y dar el aviso al tutor/ orientador escolar y ellos a la familia
- Apoyo a la familia y contacto con el equipo sanitario para recibir pautas y realizar un seguimiento desde el centro
- Fomentar la empatía y respeto a los compañeros y amigos del menor
Para este punto, en la web de Dove encontrarás recursos interesantes que aplicar en el aula sobre imagen corporal y autoestima: www.dove.com/mx/dove-self-esteem-project/school-workshops-on-body-image-confident-me/self-esteem-school-resources-confident-me-five-sessions.html
Conclusión:
Recibir formación es esencial para poder facilitar una detección precoz en nuestros menores. Las personas adultas podemos tener nuestros propios estigmas,
mitos e ideas desacertadas que, por desconocimiento, nos limite al reconocer la problemática que envuelve los TCA.
El apoyo entre los docentes, familia y equipo sanitario genera un adecuado y completo abordaje del problema.
Isabel Sais Ferrero