Las emociones están presentes en nuestra vida mucho más de lo que solemos pensar. Hablamos de ellas constantemente porque son las protagonistas de nuestra historia personal. Nos acompañan en cada experiencia, decisión y relación que construimos a lo largo de la vida.
Sin embargo, aunque convivimos con ellas a diario, no siempre mantenemos una relación sana con nuestras emociones, ni comprendemos realmente el mensaje que encierran. Esto ocurre especialmente con aquellas que nos resultan desagradables, incómodas o difíciles de gestionar. Intentamos apartarlas, controlarlas o hacer que desaparezcan cuanto antes, sin preguntarnos qué intentan decirnos.
Lo primero que tenemos que reconocer, es que a nuestro cerebro emocional le debemos mucho. Gracias a él, nuestros antepasados pudieron sobrevivir, identificar peligros y responder con rapidez a las amenazas del entorno. Con el paso de la evolución, las emociones comenzaron a desempeñar también un papel fundamental en la creación de asociaciones entre experiencias, estímulos y respuestas, además de favorecer los vínculos sociales que nos permitieron vivir en comunidad.
Con la evolución llegó el neocórtex, aportándonos la capacidad de reflexionar, comprender y regular mejor nuestras respuestas emocionales. Pero esa es una historia que merece ser contada en otro momento.
Una mirada distinta hacia las emociones
Si las emociones han acompañado al ser humano desde sus orígenes y han sido fundamentales para nuestra supervivencia, ¿por qué parece que cada vez nos cuesta más gestionarlas?
Desde la perspectiva que ofrece la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), el aumento del malestar emocional, en la actualidad no se debe a que seamos más frágiles que generaciones anteriores, sino a la forma en que hemos aprendido a relacionarnos con nuestras emociones.
Vivimos en una época donde se fomenta la intolerancia al dolor emocional, donde parece que solo tienen cabida las emociones agradables. Recibimos constantemente mensajes que nos invitan a eliminar el estrés, evitar el sufrimiento y sentirnos bien en todo momento.
Cuando aparece la tristeza pensamos que deberíamos estar mejor. Cuando sentimos ansiedad creemos que algo falla en nosotros. Y cuando el miedo o la frustración se presentan, intentamos expulsarlos cuanto antes. Sin embargo, sentir miedo, tristeza, ansiedad, frustración o incertidumbre es simplemente parte de la experiencia humana.
Mirarlas con curiosidad y respeto. Reconocer que, incluso cuando nos incomodan, no están en nuestra contra. Quizá el primer paso para relacionarnos de forma más saludable con ellas sea precisamente ese: escucharlas antes de juzgarlas.
Cuando las emociones se viven con demasiada intensidad o se convierten en una fuente constante de bloqueo, trabajar la gestión emocional puede ser de gran ayuda. En consulta, desde el área de Mindfulness y Gestión Emocional, acompañamos a la persona a comprender mejor lo que siente, reducir la lucha interna y desarrollar una relación más amable con sus emociones.
La evitación emocional
Nunca, habíamos tenido tantas herramientas para distraernos de lo que sentimos. Ante el más mínimo indicio de aburrimiento, vacío o ansiedad, buscamos refugio en el teléfono móvil, las redes sociales, las series o cualquier otra fuente de distracción inmediata.
ACT, plantea que el sufrimiento psicológico no surge tanto de la emoción en sí misma como del esfuerzo constante por suprimirla o escapar de ella.
Estas estrategias suelen proporcionar alivio a corto plazo. El problema es que, a largo plazo, nos enseñan que determinadas emociones son peligrosas y que debemos huir de ellas. Así comienza un círculo en el que cada vez toleramos menos el malestar y dependemos más de la evitación.
Las emociones no son enemigas
Afortunadamente, cada vez avanzamos más hacia una educación emocional que deja atrás la clasificación de las emociones como “buenas” o “malas” y pone el foco en la utilidad y en la información que aportan.
Las emociones son respuestas naturales y contextuales, cada emoción incómoda es una respuesta adaptativa coordinada por el organismo para interactuar con el entorno.
- El miedo, la tristeza, la rabia o la ansiedad son respuestas que contienen información valiosa sobre nuestras necesidades, nuestros límites y aquello que consideramos importante.
- La ansiedad y el miedo, puede aparecer cuando nos enfrentamos a un reto que nos importa, Te preparan para detectar amenazas y movilizar energía para protegerte.
- La tristeza suele acompañar a las pérdidas, ayuda a procesar una pérdida y envía señales sociales para recibir apoyo de los demás.
- La frustración o el enojo, nos señala situaciones que percibimos como injustas, te indican que un límite ha sido cruzado o que un obstáculo bloquea algo que necesitas, dándote energía para defenderte o cambiar la situación.
En lugar de preguntarnos «¿Cómo hago para dejar de sentir esto?», quizá convenga preguntarnos: «¿Qué me está intentando mostrar esta emoción?».
El dolor habla de lo que valoramos
Las emociones desagradables funcionan como una brújula que señala nuestros valores, existe una idea especialmente poderosa dentro de ACT: solo nos duele aquello que nos importa.
El dolor y los valores son dos caras de la misma moneda, no puedes tener una sin la otra. Por ejemplo, si “Quiero una relación de pareja honesta» (Valor), el reverso de la moneda incluye que en algún momento tengas la posibilidad de sentir celos, miedo al abandono, decepción o el dolor de una ruptura (Emociones desagradables).
Si sentimos miedo antes de una entrevista laboral es porque valoramos nuestro crecimiento profesional. Si nos indigna una injusticia es porque la equidad y el respeto son importantes para nosotros. Por eso intentar eliminar completamente el dolor emocional es una tarea imposible, sería como querer conservar una moneda quedándonos únicamente con una de sus caras.
Cuando experimentes una emoción desagradable, puedes hacerte estas preguntas: ¿Qué me está doliendo exactamente de esta situación? (Identificar la emoción). ¿Qué es lo que esta emoción me demuestra que es realmente importante para mí? (Clarificar el valor).
Aprender a hacer espacio
Aceptar una emoción no significa resignarse ni rendirse. Tampoco implica disfrutar del sufrimiento, significa abrir espacio a la emoción tal y como es, dejando de luchar contra los síntomas.
Consiste en dejar de luchar contra aquello que ya está presente. Cuando dejamos de gastar toda nuestra energía intentando controlar lo incontrolable, recuperamos recursos para dirigir nuestra atención hacia lo que realmente importa: vivir de acuerdo con nuestros valores.
Una de las estrategias de aceptación emocional, es la expansión (Dar espacio a la emoción).
- Observa: Localiza dónde se siente físicamente la emoción.
- Respira: Conéctate con tu respiración. Visualiza que inhalas aire hacia esa zona tensa, no para eliminar el nudo, sino para rodearlo de espacio.
- Suelta: Permite que los músculos alrededor de esa sensación se relajen. Imagina que tu cuerpo se expande para dar cabida a esa molestia.
- Permite: Di mentalmente a la sensación: «No me gusta, pero está aquí, le doy permiso para estar».
REFLEXION
Las emociones no aparecen por casualidad. Todas cumplen una función y nos ofrecen información sobre lo que vivimos, necesitamos o valoramos. Incluso las más incómodas tienen un propósito. El problema suele surgir cuando, además de sentir malestar, nos juzgamos por sentirlo.
Sin embargo, toda emoción está ligada a algo que nos importa. Una vida plena no consiste en eliminar las emociones desagradables puesto que de esa forma se intensifica el sufrimiento, sino en aprender a hacerles espacio mientras seguimos avanzando hacia lo que es importante para nosotros.
Quizá el bienestar no sea sentirnos bien todo el tiempo, sino relacionarnos con nuestras emociones de forma más amable y flexible. Al dejar de combatirlas, descubrimos que muchas veces no son enemigas, sino señales que nos orientan hacia aquello que realmente valoramos. Al fin y al cabo, el dolor y los valores forman parte de la misma experiencia humana.
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Preguntas frecuentes
¿Qué significa gestionar las emociones?
Gestionar las emociones significa reconocer lo que sentimos, comprender qué información nos aporta cada emoción y elegir cómo actuar sin dejarnos arrastrar automáticamente por ella.
¿Las emociones desagradables son malas?
No. Las emociones desagradables no son malas. Pueden resultar incómodas, pero cumplen una función. El miedo, la tristeza, la rabia o la ansiedad pueden ofrecernos información sobre nuestras necesidades, límites y valores.
¿Qué es la aceptación emocional?
La aceptación emocional consiste en permitir que una emoción esté presente sin luchar constantemente contra ella. No significa resignarse, sino dejar de gastar energía en eliminar lo que sentimos para poder actuar de forma más consciente.
¿Por qué evitar emociones puede aumentar el malestar?
Evitar emociones puede aliviar a corto plazo, pero a largo plazo puede hacer que el cerebro las perciba como peligrosas. Esto reduce la tolerancia al malestar y refuerza la necesidad de escapar cada vez que aparece una emoción incómoda.
¿Cuándo pedir ayuda psicológica para gestionar emociones?
Conviene pedir ayuda psicológica cuando las emociones interfieren en la vida diaria, afectan a las relaciones, generan bloqueo o llevan a evitar situaciones importantes. La terapia puede ayudar a desarrollar una relación más flexible y saludable con lo que sentimos.
Marta Sánchez Galiana