Escuchar nuestras necesidades y apetencias va unido de identificar el tipo de hambre que nos surge en ese momento. Atender a nuestro cuerpo no es tarea tan sencilla dado que NO se reduce únicamente a ingerir alimentos y parar.
Por tu historia de vida pasada, por circunstancias actuales o si convives con un trastorno, una situación que puede generarnos emociones incómodas puede ser ésta: «Me apetece comer…¿pero cómo sé que es hambre?.
Si con anterioridad, otras tantas veces hemos silenciado las señales con comida, puede que se hayan alterado nuestra capacidad de reconocer la diferencia entre ambas:
1. Hambre física
Se trata de hambre biológica, de las señales que nuestro organismo nos envía para que lo nutramos, que aparecen paulatinamente, gradual en intensidad y por tanto, puede demorarse en un espacio de tiempo hasta ser atendido.
Lo habitual es que nos apetezca alimentos y no determinados productos. Es saciante.
Este tipo de hambre se ve afectada si no atiendo a la calidad y cantidad de mi alimentación, si no me animo a probar platos nuevos o si no priorizo otros asuntos a mi tiempo de comidas, entre otros.
2. Hambre emocional
En este caso, es un hambre cuyas señales son más inesperadas, abruptas, con ganas de aplacar más rápidamente y se suele silenciar con alimentos más dulces y
calóricos. No es saciente.
Detrás de este tipo de hambre puede estar ocurriendo que esté más ansios@ o estresad@ de lo habitual, no me he percatado que me estoy saltando comidas, o
que tengo en mente asuntos que me preocupan y que no soy capaz de atender o estoy procrastinando.
Desde el trabajo de la alimentación consciente, os animamos a incorporar este ejercicio previo a realizar cualquier ingesta que identifiquemos como emocional:
- Anotamos en una hoja qué nivel de hambre tengo (de 0 a 10)
- Escribimos qué emoción predominante estoy experimentando en ese momento. ¿Es una emoción agradable (sorpresa, felicidad, calma) o desagradable (enfado, tristeza, culpa)?
- ¿Puedo hacerme una idea de qué está detrás de ese sentir?.
- A continuación, valoramos si se nos ocurre alguna acción que nos ayude a autorregularnos y que nos facilite transitar por ese pico de deseo de comer.
Bien ocupándonos y resolviéndolo, o bien ganando unos minutos para decidir si seguimos queriendo comer tras ese espacio de tiempo.
Quizás puede ser llamar a una amiga porque tenemos pendiente hablar de un asunto que hemos ido postponiendo y nos preocupa, puede ser que nos venga bien un baño y acostarnos pronto atendiendo al cansancio del día del cual no éramos tan conscientes. Puede ayudarnos jugar y abrazar a nuestro peque porque eso siempre nos reconforta, escuchar y salir a andar por el barrio, ordenar algún armario o entreteneros con algún libro o afición creativa.
Conclusión:
Es positivo que entrenemos la capacidad de detectar de dónde viene la necesidad de comer y qué función estaría cubriendo en ese momento.
Y si la decisión final es ingerir el alimento, disfrútalo, con calma, con mimo y sin prisa. Luego NO tienes que compensar nada.
Isabel Sais Ferrero