La incesante carrera hacia la felicidad: ¿Es la meta que deseas?

La idea de la felicidad ha sido objeto de estudio durante siglos, en la actualidad, incluso cuenta con un reconocimiento oficial en forma de día internacional, celebrado cada 20 de marzo, que invita a reflexionar sobre los objetivos fundamentales del bienestar humano. No será quien escribe estas líneas quien lleve la contraria a la Asamblea General de las Naciones Unidas; sin embargo, en la sociedad actual resulta pertinente plantearse si, teniendo en cuenta la influencia del lenguaje en el comportamiento humano, el abrir un debate que apueste más por potenciar el término “bienestar” como un concepto más amplio.

 

Basta con hacer una pequeña prueba y observar cómo resuenan en nuestra mente sus antónimos: “infelicidad” o “malestar”. ¿Con cuál te quedarías? Tal y como solemos entender hoy la felicidad, nadie quiere sentirse infeliz; y es precisamente ese rechazo el que nos empuja a perseguir, casi sin descanso, una idea de felicidad que a menudo resulta imposible.

 

El bienestar, permite integrar una mayor variedad de factores vitales y sugiere una mayor flexibilidad emocional. Por el contrario, la felicidad suele aludir a un estado o sentimiento concreto, vinculado a emociones positivas como la satisfacción o la alegría, generalmente asociadas a experiencias vitales favorables.

 

En la sociedad actual, esta idea puede transformarse en una búsqueda casi obsesiva por sentirnos bien de manera constante. Sin embargo, de forma irónica, cuanto más perseguimos ese estado emocional, más insatisfechos e infelices podemos llegar a sentirnos. Es lo que Russ Harris denomina “la trampa de la felicidad”, un concepto popularizado dentro de la terapia de Aceptación y Compromiso.

 

Esta perspectiva plantea una diferencia clave: no es lo mismo “sentirse bien”, entendido como una emoción pasajera que cambia constantemente, que vivir una vida plena. Esta última no depende tanto de cómo te sientes en un momento concreto, sino de las acciones que llevas a cabo guiado por tus valores. Como señala el propio enfoque: puedes atravesar una pérdida, sentir tristeza y, aun así, considerar que tu vida tiene sentido.

 

El problema es que con cierta frecuencia encontramos mensajes que dan lugar a confusión, donde el planteamiento de la felicidad se entiende, como sentirse bien en ausencia de dolor y con una relación evitativa o de eliminación de la respuesta emocional del malestar.

 

Actualmente, nos vemos esclavos socialmente de esa búsqueda, algunas de las razones que la determinan en cierta medida son, el impacto de las redes sociales donde se encuentra el caldo de cultivo perfecto para la comparación de forma constante con la fachada externa de los demás, generando una sensación constante de insuficiencia.

 

Otro de estos factores es la inmediatez a la que nos hemos acostumbrado, como si se tratara de una sustancia que proporciona placer rápido. Cuando consigues algo que quieres tienes una subida de sensaciones, pero ese nivel de satisfacción vuelve a su estado normal y a la búsqueda de la siguiente dosis, convirtiéndonos en esclavos de nuestros objetivos. Y aunque estos son importantes y cumplen un papel clave en la motivación, quizá lo verdaderamente esencial no esté en alcanzarlos, sino en los valores que los impulsan.

 

Valores versus objetivos

 

Como hemos mencionado, la sociedad occidental tiende a centrarse en los objetivos y en la búsqueda del éxito, dejando en un segundo plano los valores que los sostienen. Con frecuencia, cuando esos objetivos no se alcanzan, aparecen la frustración, la tristeza o el estrés, junto con una sensación de fracaso que nos aleja, aún más, de esa idea de felicidad que perseguimos.

 

Frente a esta lógica, el bienestar desde la visión de ACT (aceptación y compromiso) plantea el vivir de forma coherente y con sentido en función de los valores a lo largo de la vida.

 

Es importante distinguir entre ambos conceptos. Los valores representan la dirección hacia la que queremos avanzar; son un proceso interno, continuo, que guía nuestras decisiones y da sentido a nuestras acciones. Los objetivos, en cambio, responden a la búsqueda de un resultado concreto: metas que, una vez alcanzadas, se convierten en logros. De forma metafórica, los valores son los cimientos de una casa y la parte emocional serían los invitados que van y vienen.

 

Para empezar a construir tu bienestar, puede ser útil detenerte y reflexionar sobre cuáles son tus valores fundamentales. ¿Qué valores son importantes para ti en relaciones? ¿Tipo de características quiero potenciar en mis relaciones? ¿Qué tipo de actividades tengo que buscar para mi bienestar?

 

La flexibilidad el camino hacia el bienestar

 

El bienestar, desde la perspectiva de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), no consiste en eliminar el dolor ni los pensamientos negativos, sino en desarrollar la flexibilidad necesaria para vivir una vida plena y con propósito, incluso frente a las dificultades.

 

Este enfoque, perteneciente a la llamada tercera generación de terapias conductuales, introduce el concepto de “evitación experiencial”: la tendencia a buscar distracciones —como redes sociales, compras o comida— para no sentir malestar. Paradójicamente, cuanto más intentamos controlar estas experiencias con estrategias momentáneas que propone nuestra mente, más nos enredamos en ellas.

 

Por el contrario, “la vivencia experiencial” es tomar el presente con compromiso y flexibilidad, sin resistirte a las emociones y pensamientos que se den en las vivencias, actuando en función de los valores. El estar dispuesto no significa resignarse al sufrimiento, es relacionarse de otra manera para no agotarse por esa emoción.

¿Cómo encontrar el bienestar?

El paradigma que nos ofrece adaptación y compromiso se basa en seis principios para desarrollar estrategias que nos lleven al bienestar.

  1. Defusión cognitiva: Aprender a ver los pensamientos simplemente como palabras o imágenes, y no como verdades absolutas u órdenes que debemos Una técnica útil es tratar a la mente como algo externo a nosotros, por ejemplo: “Mi mente se está preocupando de nuevo” o “Aquí está mi mente advirtiéndome otra vez” ´. Esto permite tomar distancia y reducir la influencia de pensamientos negativos en nuestras decisiones.
  2. Expansión (Aceptación): Hacer espacio a las emociones y sensaciones incómodas en lugar de luchar contra ellas. Las emociones surgen por algo interno o externo, real o imaginario; aunque no siempre podemos controlar su aparición, sí podemos manejar su intensidad mediante técnicas de respiración, relajación o mindfulness. Esto nos permite convivir con el malestar sin que nos paralice.
  1. Conexión con el momento presente: Estar plenamente consciente del aquí y ahora con apertura y curiosidad. Esta práctica nos ayuda a sintonizar con todo lo que nos llega a través de los sentidos: lo que vemos, oímos y sentimos en nuestro cuerpo, fortaleciendo la presencia y reduciendo la tendencia a perdernos en pensamientos sobre el pasado o el
  2. El Yo Observador: Conectar con la parte de nuestra conciencia que observa pensamientos y emociones sin ser afectada por ellos. Esta perspectiva nos permite relacionarnos con nuestra mente y nuestro cuerpo sin entrar en conflicto con ellos, y sirve de base para trabajar con todas las demás estrategias de ACT.
  3. Clarificación de valores: Identificar qué es lo más importante para ti en las distintas áreas de la vida y los valores que las acompañan. Los valores son constantes, independientemente de las fluctuaciones emocionales, y ofrecen una guía estable para orientar nuestras decisiones y acciones.
  4. Acción comprometida: Realizar acciones efectivas guiadas por tus valores, incluso cuando haya dolor o miedo Este tipo de acciones son enriquecedoras en primera persona y también ayudan a establecer límites y necesidades en las relaciones interpersonales, promoviendo una vida más coherente y significativa.

REFLEXION

 

En conclusión, la carrera incesante por alcanzar la felicidad suele generar más insatisfacción que bienestar, ya sea por expectativas irreales, consumismo, comparación o presión social convirtiéndola en meta inalcanzable, y produciendo frustración, ansiedad y depresión.

 

Frente a esto, resulta más valioso centrar nuestra atención en el bienestar, tal como lo propone la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Este enfoque no busca eliminar el dolor ni controlar los pensamientos difíciles, sino fomentar la flexibilidad emocional y la capacidad de actuar según nuestros valores, incluso en presencia de malestar. Vivir con sentido implica aceptar que el dolor forma parte de la experiencia humana, y que la verdadera plenitud se construye día a día a través de decisiones coherentes con lo que realmente importa.

 

En definitiva, sabiendo como influyen las palabras en nuestro pensamiento y en cómo actuamos porque no intentamos en nuestro día a día, hablar más de bienestar.

Otros artículos de interés:

 

Relación entre padres e hijos en la adolescencia: del vínculo a la autonomía

 

Preguntas frecuentes

¿Por qué perseguir la felicidad puede hacernos infelices?

Perseguir la felicidad como un estado constante puede generar frustración, ya que las emociones son cambiantes por naturaleza. Cuando intentamos evitar el malestar y buscamos sentirnos bien todo el tiempo, entramos en una dinámica de insatisfacción continua. Este fenómeno es conocido como la “trampa de la felicidad”, donde cuanto más la perseguimos, más difícil resulta alcanzarla.

¿Qué diferencia hay entre felicidad y bienestar?

La felicidad suele entenderse como una emoción puntual asociada a momentos agradables, como la alegría o la satisfacción. En cambio, el bienestar es un concepto más amplio que incluye la capacidad de vivir con sentido, aceptar las emociones y actuar según nuestros valores, independientemente de cómo nos sintamos en un momento determinado.

¿Qué es la “trampa de la felicidad”?

La “trampa de la felicidad” es un concepto desarrollado por Russ Harris dentro de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Describe cómo la obsesión por evitar emociones negativas y buscar constantemente sensaciones positivas puede aumentar el malestar psicológico, en lugar de reducirlo.

¿Es normal no sentirse feliz todo el tiempo?

Sí, es completamente normal. Las emociones humanas son variables y adaptativas. Sentir tristeza, ansiedad o frustración forma parte de la experiencia vital. Pretender estar siempre feliz no solo es irreal, sino que puede generar mayor presión emocional y sensación de fracaso.

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)?

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es un enfoque psicológico que busca mejorar el bienestar a través de la aceptación de las emociones y el compromiso con acciones basadas en valores personales. En lugar de eliminar el malestar, enseña a relacionarse de forma más flexible con los pensamientos y emociones.

¿Cómo encontrar el bienestar emocional en el día a día?

El bienestar emocional se construye a través de pequeñas acciones alineadas con tus valores. Algunas claves incluyen practicar la atención plena, aceptar las emociones sin evitarlas, identificar lo que realmente es importante para ti y actuar de forma coherente con ello, incluso en momentos difíciles.

¿Qué son los valores personales y por qué son importantes?

Los valores son principios que guían nuestras decisiones y dan sentido a nuestra vida. A diferencia de los objetivos, no se alcanzan ni se terminan, sino que se viven continuamente. Actuar en base a valores permite construir una vida más coherente, estable y significativa.

Marta Sánchez Galiana

Por ti Psicología
Resumen de privacidad

Desde este panel podrá configurar las cookies que el sitio web puede instalar en su navegador, excepto las cookies técnicas o funcionales que son necesarias para la navegación y la utilización de las diferentes opciones o servicios que se ofrecen.

Las cookies seleccionadas indican que el usuario autoriza la instalación en su navegador y el tratamiento de datos bajo las condiciones reflejadas en la Política de cookies.

El usuario puede marcar o desmarcar el selector según se desee aceptar o rechazar la instalación de cookies.