Consejos para una buena comunicación en familia

La comunicación es fundamental en todos los aspectos de la vida humana. Su importancia se puede ver desde diversas perspectivas, como personal, profesional, social y emocional.

Por ello, un elemento clave para una correcta y óptima convivencia, es la comunicación. En toda comunicación entran en juego varios elementos:

Elementos clave de la comunicación

  • Las personas implicadas, las que dan o reciben el mensaje. Estas pueden estar influidas por numerosos factores como el cansancio, el estado emocional.
  • El mensaje que se quiere dar es muy importante, ya que dependerá de la carga emocional del mismo y el momento. A veces un mensaje positivo se puede malinterpretar, por ejemplo, si es escrito y la persona que lo lee está enfadada.
  • Como hemos visto el lugar y el canal por el que se transmite un mensaje es fundamental, ya que un medio escrito tiene menos matices que un mensaje que se da cara a cara, donde entra la comunicación no verbal o la cercanía, por ejemplo.

Como vemos, la comunicación no es tan fácil como parece, ya que influyen muchos factores que a veces no podemos o sabemos controlar. Y, claro está, no nos ponemos a desglosar todas estas cosas cuando queremos decir algo, ya que sería un tanto agotador. A todo ello, tenemos que añadirle que no siempre nos encontramos en el mismo momento emocional y que el mensaje puede llegar de muy diferentes formas. Las emociones, a veces, hacen que aquello que queremos transmitir pueda ser desde un gran regalo hasta una gran bomba arrojadiza. Todo ello puede estar agravado, por ejemplo, si previamente había conflictos, existen problemas de pareja o si la convivencia es con adolescentes, que ya de por sí, están en una etapa compleja.

11 consejos que nos pueden ayudar a tener una buena comunicación en el hogar:

  • Establecer rutinas. Es importante saber qué actividades, tareas y responsabilidades tiene cada miembro de la familia. Si estructuramos y organizamos bien las tareas, será mucho más fácil poder llevarlas a cabo sin malentendidos. Hacer un calendario y tenerlo a la vista seguro que facilita aún más la convivencia.
  • Avisar de posibles cambios. A veces las tareas cambian, se instauran otras obligaciones o formas de hacer según el momento y la situación. Por ello, es importante que los cambios sean trasmitidos con tiempo y bien explicados para poder abordarlos de la mejor manera.
  • Hablar en momentos de calma. Muchas veces intentamos hablar con la otra persona en situaciones de estrés o enfado, lo cual no ayuda a la hora de llegar a conclusiones. La emoción que tengamos será un factor muy potente que puede nublar el objetivo que queremos conseguir: la solución del problema. Por ello, es mejor intentar resolver los problemas cuando no estamos muy activados y esperar a que nuestro enfado o estrés disminuya.
  • Establecer una palabra segura. Hablar en momentos de calma está genial, pero a veces, estamos en plena discusión y es complicado calmarse, por ello, es recomendable tener una palabra de seguridad que implique parar y usarla para cortar la discusión. Es importante haberla elegido con anterioridad, teniendo muy presente que es una palabra de ayuda y respeto. No sirve para la omisión del problema o como método de huida: la palabra debe ayudar a calmarnos por separado y abordar el tema con calma posteriormente.
  • Tener lugares para el retiro. Cuando aparezcan estos conflictos, es importante poder establecer momentos de reflexión para cada persona. El enfado, la molestia, la ira, etc., no es algo que desaparezca en un momento. Poder estar solos para reflexionar acerca de cómo nos sentimos y de dónde viene esa emoción es una herramienta muy buena para poder abordar luego el problema desde otras perspectivas. Importante: respetar los tiempos de cada persona. No todo el mundo se calma al mismo tiempo, así pues, hay que dar el espacio necesario dependiendo de lo que cada uno necesite.
  • Llegar a acuerdos. Para ello, lo mejor es utilizar el esquema ganar-ganar. Normalmente nos tomamos las discusiones como batallas en las que uno gana y otro pierde, aunque a la larga, todos pierden porque las emociones de culpa, resentimiento o enfado afloran antes o después. Para ello, lo mejor es intentar que las partes implicadas ganen algo con el acuerdo y sea consensuado.
  • Tener una comunicación bidireccional y reflexiva. Para poder llegar a acuerdos, la comunicación tiene que ir en dos sentidos: no se trata de hacer un monólogo o querer que nos escuchen y no escuchar. Para ello es importante tener una escucha activa, siendo consciente de que la persona que tenemos delante también tiene sus necesidades, además de sus obligaciones.
  • Establecer asambleas o tiempos de reunión. A veces ayuda mucho poder disponer de momentos pautados para exponer dudas, problemas e inquietudes. Estos tiempos tienen que ser para acoger emociones e intentar no juzgar, siendo esencial poder comprender y gestionar lo que se expone. Si conseguimos esos momentos de confianza, la comunicación será más fluida y profunda.
  • Establecer consecuencias. Como es lógico, la consecución de objetivos conlleva bienestar. No obstante, si no se cumplen los compromisos conllevará consecuencias que tendrán que ser previamente establecidas.
  • Desarrollar la motivación. A veces la motivación es algo que no surge solo, necesita un pequeño empujón para nutrirse y aumentar. Es fundamental poder reforzar los pequeños logros que ayuden en la comunicación y la convivencia en general.
  • Prepararnos para el error. Como bien sabemos, las cosas no salen casi nunca a la primera, por ello, es importante saber que es posible que fallemos en el establecimiento de nuevas herramientas para la comunicación. Veamos el error como un aprendizaje, para reubicar y modificar aquello que no salió bien.

Conclusión

En resumen, la comunicación es un pilar esencial en todas las relaciones humanas, ya que permite el intercambio de ideas, facilita la cooperación y contribuye al entendimiento mutuo, por ello tener una comunicación buena, sobre todo en el hogar, es fundamental.

Raquel Martín Martínez

 

Por ti Psicología
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