El error es considerado como una acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero. Es no conseguir aquello que nos proponemos y decir o hacer algo incorrecto.
Por norma general, vemos el error como un fracaso, como algo que nos perjudica y nos hace parecer débil, poco hábil o inteligentes. Sin embargo, si reflexionamos acerca de nuestro desarrollo y aprendizaje, pocas cosas las aprendemos sin fallar en el primer intento. Pocas cosas las mejoramos sin hacerlo mal con anterioridad.
El mejor ejemplo de esto son los niños que, continuamente, están aprendiendo por ensayo-error. Prueban una y otra vez hasta que son expertos en aquello que se proponen. Se caen al aprender a andar, se les cae la comida de la cuchara, balbucean una y otra vez hasta que expresan su primera palabra, etc.
Luego esto nos dice que el error es parte de nuestro aprendizaje, de nuestra evolución. Que lo peor del error, no es cometerlo, sino negarlo, enfadarse y esconderlo. De esto, sólo podemos llegar a un lugar, al bloqueo y la rigidez de pensamiento.
Si podemos cambiar esta visión y considerar el error como una oportunidad de aprender, podremos entender los fallos que hemos cometido, comprender las consecuencias de nuestros actos y tomar decisiones para poder solucionar aquello que esté en nuestra mano.
Pasos para considerar al error un aprendizaje
Para poder considerar al error como aprendizaje, hay una serie de pasos muy importantes que debemos tener en cuenta:
Reconocimiento
Darse cuenta del error, verlo. Si no somos capaces de ver el error, no podremos reflexionar acerca de él. No podremos avanzar y nos quedaremos parados. En este paso, la humildad es importante, un error es nuestro, igual que un éxito. El primero lo negamos y el segundo no tardamos en reconocerlo. Ambos son parte de nuestro proceso.
Responsabilidad
Qué responsabilidad tengo en lo que ha ocurrido y cómo puedo hacerme cargo de ello para ver el fallo. No siempre todo lo que ocurra va a ser sólo responsabilidad nuestra. Cuando caemos en esto, solemos hablar de culpa, algo que nos frena y bloquea. Con la culpa no solucionamos, no reflexionamos, sólo nos dañamos. La responsabilidad implica cambio, implica cierta parte de control en las decisiones. Si es nuestra responsabilidad, podemos hacer algo para cambiarlo o por lo menos, para no repetir aquello que no queremos.
Reconciliación
Pedir disculpas y expresar dónde está el error. A menudo ocurre que, si cometemos errores, podemos dañar a alguien, ya sea a los que nos rodean o a nosotros mismos. El hecho de llegar al momento de disculparse es un paso fundamental, porque implica interiorizar los dos puntos anteriores. Ya estamos en el camino de resolver, de cambiar y de aprender.
Resolución
Pero no hay que quedarse en el paso anterior, sino ir un poco más allá. En la resolución es donde se encuentra la oportunidad, ¿Cómo puedo hacerlo mejor la próxima vez? ¿Cómo puedo hacerlo diferente? ¿Qué otras opciones había y no vi? Llevar a cabo cambios, alternativas y actos diferentes. Aquí está el aprendizaje.
Estos cuatro pasos, son fundamentales. Habría otro paso que podríamos añadir después de este momento de resolución y es la sobre corrección. Esta es una técnica de modificación de conducta que puede utilizarse en la educación. Para el error, no sólo nos preguntaríamos, por ejemplo, ¿cómo lo habría hecho diferente?, sino que implicaría llevarlo a cabo, es decir, representar la escena con la alternativa correcta o más apropiada. Podríamos decir que sería como un “teatrillo” de lo ocurrido.
Con todo este proceso, estaríamos llevando a cabo muchos tipos de aprendizaje: cognitivo, verbal, comunicativo, representacional… y cuantos más ámbitos recorramos en un aprendizaje, mucho mejor quedará consolidado.
Conclusión:
Es recomendable mirar nuestros errores como oportunidades para mejorar en todo aquello que podamos y queramos. Esto nos hará más reflexivos, más conscientes de nosotros mismo y con más control en nuestras decisiones del día a día.
¡Atreveos a errar!
Raquel Martín Martínez